Lisboa (I)

• 22 Feb 2012

Siempre nos quedará Lisboa

Desde siempre he sentido debilidad por la bella, decadente y polícroma Lisboa. Me declaro amante de su luz. Es una ciudad alegre aunque sus fados estén llenos de tristeza.

Es decadente, pero no es gris. Dicen de ella que hasta los daltónicos son capaces  de diferenciar sus colores. En sus anárquicas calles el amarillo, el color de la realeza, compite con el rosa republicano en las filigranas de los azulejos en los que se mira el Tajo. Dice Assis Pacheco en un poema  “Se eu fosse Deus parava o  sol sobre Lisboa”.  ¡Ay! Si yo fuese Dios… digo yo.

Me fascina la sonoridad de sus nombres; Chiado, Baixa, Bairro Alto, La Feira da Ladra, Rossio, Brasileira, Alfama, … Me rindo ante el aroma de una bica sentado en un café viendo pasar el tiempo.

 

Otra vez vuelvo a vertes
sombra que pasa a través de sombras y brilla
un momento a una luz fúnebre desconocida
y entra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos oír…
Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!

(De Lisbon Revisited, F.Pessoa)

 

 

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2 Responses

  1. admin

    Emilio Antero
    25 mayo, 2012 a las 23:06 (Editar)
    X si fuera insuficiente la carga lírica de los textos, vas, Nica, y añades las fotos. Se me ha disparado el pulso; ¿será un infarto?

  2. Ahora que nos han arrancado a Emilio de nuestros días, haber llegado aquí, a tu blog, Nica, y leer sus comentarios o sus textos más amplios me acercan aún más íntimamente a nuestro querido amigo. Al leerle escucho su voz con sus acentos, sus pausas y su retórica junto a sus continuas citas llenas de encomillado: “tengo que escribir sobre esto” o “releeré aquello”. Cuando se llevan a alguien tan rotundo como Emilio el vacío es un hueco insondable que más parece agujero negro que engulle, atrapa y se hace más grande continuamente. Dentro de unas horas acudiré desolado a su entierro junto a decenas de grandes e importantes amigos suyos, algunos pocos también míos; dentro de unos días buscaré ansioso más escritos tuyos, Emilio, más blogs o páginas o libros en los que siga recibiendo tu conocimiento; tu curiosidad; tu inacabable visión irónica del mundo; tu afinado ojo mágico y tu voz que no cesará nunca de resonar en mis oidos con el soplo de tu esencia única. Fuiste amigo imprescindible y a partir de ahora serás, para siempre, inolvidable.

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